(matrimonio, él trabaja, con cinco hijos, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios)
A veces entre el “estoy agobiad@, no hago sino correr, necesito días de 36 horas, tengo tres asuntos que atender al mismo tiempo, pero ya es viernes otra vez”… parece como si tuviéramos unas anteojeras puestas que no nos dejaran ver más allá del suelo que pisamos. Nos da tristeza cuando alguno de los niños nos dice algo similar porque parece que también les pegamos esta visión del mundo. En contrapartida hay lugares en los que experimentamos el “qué bien se está aquí ” de los apóstoles y nos gustaría permanecer en ellos (en una excursión al monte, en una capilla, en una reunión familiar sin electrónica por medio). En esta Cuaresma tenemos que buscar el modo de quitarnos las anteojeras para observar el horizonte y ver la Gloria de Dios. Las dificultades no desaparecerán, pero podremos mirarlas desde la esperanza y con la fe.
DESDE LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS
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