(matrimonio, él trabaja, con cinco hijos, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios)
Uno de nuestros hijos nos comentaba con alegría hace unos días que el fin de semana había sido uno de los más felices de su vida porque había ido a casa de un amigo a pasar la tarde y a estar con los abuelos otro día. En ningún momento nos comentó que esa felicidad fuera por lo que había comido, por lo que había hecho o porque hubiera sido el foco de atención. Era el disfrute por la compañía.
Quién no chantajea alguna vez a sus hijos para que hagan sus “deberes” con chuches o comida que les gusta, o diciéndoles que después harán lo que ellos quieran, o insinuando que ellos ganan siempre. Comenzamos el tiempo de Cuaresma. Al mismo tiempo que estemos preparando la conversión de nuestro corazón, preparemos el de nuestros hijos a hacer las cosas por la alegría que supone hacer bien las cosas porque sí, igual que disfrutar la compañía, o el de recibir ese papel en blanco que nos da Jesús cada vez que nos acercamos al Sacramento de la Reconciliación.