(matrimonio, él trabaja, con cinco hijos, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios)
¿Quién no tiene un día torcido? Los niños también: ¡Hoy todo me sale mal! ¡Qué difícil es la tarea! ¡Me enfadé con mi mejor amigo! A ellos les parece que nada tiene solución y suelen ir a hundirse en el sofá. A los adultos también nos pasa y cada uno tiene su forma de limpiar las redes, de pasar página de ese día torcido cuando llegamos a casa al final de la jornada (nos preguntamos el porqué, salimos a hacer deporte, chateamos, limpiamos la casa, nos tomamos un tentempié…). Ahora Jesús nos interpela: Echa las redes. Coge las dificultades y haz escalones con ellas. Nuestros hijos aprenderán, no si nos ven tomarnos las cosas con serenidad, con paciencia, poniendo soluciones, sino haciéndolo con ellos, al mismo tiempo que ellos. Todos sabemos que aprendemos más, somos más creativos y miramos más a nuestro alrededor cuando tropezamos y nos volvemos a levantar, que ante un camino llano y sin dificultades. Si nos damos cuenta de nuestra pequeñez con cuánta más fe aún nos sentiremos y seremos misioneros en el entorno que nos ha tocado vivir.