(matrimonio, padres de dos niños, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana)
Se hace más caso a los de fuera que a los de dentro. Es decir, tiene que venir alguien de fuera para que nos explique lo que nosotros implicados en la situación no vemos. Es normal, en ocasiones, por ejemplo: después de decirle miles de veces a un hijo que haga una cosa en casa, es cuando se lo comenta un amigo, o un profe, cuando se da cuenta de que lo tiene que hacer. Lo mismo pasa con los amigos, o con la familia. Más triste es cuando pasa en un matrimonio. Muchas veces, los dos cónyuges no son conscientes de lo que van viviendo, inmersos en los miles de problemas y cuestiones que da el trabajo, los niños, la casa, la hipoteca, los padres, etc. No es que todo sean problemas, pero nunca nos damos cuenta de la lejanía, hasta que no vemos al otro y ya puede ser tarde, o bien cuando alguien de fuera, que nos avisa, que nos advierte, que nos quiere y nos cuida, nos hace ver que nos tenemos que mirar de nuevo y amarnos de nuevo. Nadie es profeta en su tierra.