(matrimonio, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
No creyeron en Jesús, no confiaron en Él, porque lo conocían a Él y a su familia de “toda la vida”. Tenían una imagen suya, probablemente buena, pero que no cuadraba con la de un Profeta. Y por tanto, no estaban dispuestos a seguirlo…¡qué se habría creído ese! Y que esa imagen, que esos “prejuicios” cambiaran era extremadamente complicado.
Nosotros, siendo más o menos conscientes de ello, tenemos “clasificados” a las personas que conocemos: nos pueden aportar algo o no, buenas o malas, torpes o inteligentes, ateos o creyentes, trabajadoras o vagas, de derechas o de izquierdas, nada o muy comprometidas, feas o guapas, simpáticas o aburridas….Y todo lo que percibimos e interactuamos con esas personas va a estar mediatizado, influenciado enormemente por la imagen que tenemos de las mismas. Si alguien nos cae mal, la consideramos tonta, inferior, poco recomendable, es de otras creencias, ideología, “casta”… que nosotros…probablemente no la escuchemos adecuadamente (aunque sí la oigamos), no consideremos lo que nos dice o en caso extremo directamente desechemos (inconscientemente o no) absolutamente todo lo que tenga que ver con esa persona, incluidas ideas, actuaciones…que objetivamente pueden ser positivas…¡y que, por tanto, nos perdemos!
Nuestra propuesta para esta semana es la de reflexionar sobre nuestros prejuicios, el que intentemos eliminarlos siendo capaces de aprovechar todo lo que nos puede aportar, en todos los sentidos, quien nos rodea, por ínfimo que sea, porque Dios está, quiere estar, en el corazón de todo la humanidad.
Ojalá Dios nos dé a todos el don de la bienaventuranza de ser “limpios de corazón” para poderlo ver en toda persona y circunstancia. Pidamos por ello. Entre otras cosas, porque así tendremos más serenidad e incluso seremos más felices.