(matrimonio, padres de dos niños, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana)
Al sentir a nuestra familia, al mirar alrededor de lo nuestro, es decir, de nuestro matrimonio, de nuestros hijos, nuestros hermanos, nuestros padres, incluso nuestra comunidad, o nuestros amigos, a los que también consideramos familia. ¿Quiénes son los ciegos, los pobres, los cautivos, los oprimidos? ¿A quiénes el Espíritu nos anima a llegar, a anunciar, a liberar, a ver? También entre los que amamos hay dificultades, pero nos cuesta verlos más; o todo lo contrario, nos consideramos unos afortunados, porque amamos y nos aman, porque sentimos que Dios nos bendice con su gracia. Sin embargo, hay ancianos entre nosotros, hay personas dedicadas al cuidado de ellos, que no viven otra vida, sino la de mañana, tarde y noche pendientes de sus enfermos; hay matrimonios rotos, hay enfermedad, hay incredulidad, hay mucho amor, pero también hay dolor. ¿Cómo somos Evangelio entre nuestra familia? Solo hay un camino posible. Jesús mismo. Que el Espíritu de Dios nos de fuerzas para cumplir la Escritura que acabamos de oír.