(hombre, casado, trabaja, con dos hijos)
Padre, que mis sentimientos miren siempre el horizonte para no descuidar tu presencia…
que no me cieguen tanto las cosas superfluas que afloran a cada paso,
que no se cubra mi mirada de aquello que sólo la inercia convierte en importante…
Señor, que mi rostro te busque, que mi mano te toque, que mi silencio te implore…
porque vivir sin Ti, es vivir muy poco; porque vivir Contigo es vivir para mucho y para muchos…
Sólo en Ti, descubro el sosiego y la paz, la serenidad para no temer, para la esperanza…
En la zozobra, en la tempestad… allí necesito tu aliento, allí sé que estarás para auxiliarme,
por eso he de andar el camino con la seguridad de que Tú siempre me muestras algo en que apoyar mis pasos.
(mujer, soltera, trabaja, pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
¡Gracias Señor y Dios nuestro porque Tú siempre cumples tus promesas!
¡Gracias, Dios Padre Bueno, por regalarnos a la Virgen María
como modelo de persona que sabe poner toda su confianza en Ti!
María, nuestra Madre, es la mejor consejera y compañía,
en este tiempo de Adviento que ya está finalizando,
porque Ella es la mejor guía para llegar hasta Ti.
Dios Padre nuestro, Tú que eres Bueno y Misericordioso,
ayúdanos a imitar las actitudes de María la Virgen y Madre nuestra,
para que Ella sea nuestro modelo en nuestra vida
de seguimiento y fidelidad a Ti y al Amor que Tú nos entregas.
Haz Tú, Señor, que a través de Ella, sepamos ver tu presencia
en los acontecimientos cotidianos de cada día,
y que la Virgen María nos muestre en estos días la alegría de esperarte
y que, al igual que Ella, sepamos llevarte y mostrarte a los demás con fe y esperanza.
Haz que Ella, nuestra Madre María, nos enseñe a ser signos de acogida y generosidad
con nuestros hermanos más débiles y necesitados
y que, como Ella, nunca temamos a las dificultades ni los problemas
y seamos personas disponibles para ponernos al servicio de quien nos necesite. Amén.