(matrimonio, padres de dos niños, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana)
La liberación, la salvación, viene precedida de dolor y sufrimiento. ¡Qué contradicción! Cuando más miedo tiene uno, cuando parece que todo no le puede ir peor, Jesús nos dice que nos levantemos y que alcemos la cabeza. Quizás lo más maravilloso de estas palabras de Jesús, sea la esperanza, sea el mantenerse firme ante todas las dificultades. En un matrimonio hay distintos momentos por los que vivir, distintas etapas que cubrir. Momentos de amor intenso, momentos de cariño profundo; tiempos para el disfrute y tiempos para el sacrificio. Lugares de encuentro y también de desencuentros. Y sobre todo, cuando llegan los malos momentos, hay que pedir fuerzas para superarlo todo, que no es fácil, superar la enfermedad de algún cónyuge; superar las dificultades de nuestros hijos; superar la ancianidad de nuestros padres y abuelos; pedimos a Dios como familia, que cuanto más estemos enterrados en la miseria, más hacia arriba alcemos nuestra cabeza, con los ojos esperanzados, puestos en la mirada del que tiene que venir. Feliz espera.