¿A qué nos lleva el texto?
(matrimonio, 3 hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Con esta lectura, enseguida nos preguntamos cómo es nuestra manera de afrontar la vida, nuestra sensibilidad a las cosas, a las situaciones que se nos presentan, a las personas que pasan a nuestro lado… Vamos tan ensimismados en lo nuestro que no es de extrañar que manejemos el mismo despiste que llevaban los discípulos de Emaús.
Ante todo, nuestra manera práctica de afrontar esta lectura sería intentar salir de nosotros mismos, “descongestionar” un poco la cabeza de nuestras cosas, sobre todo cuando estamos relacionandonos con alguien. Hacer el vacío interior para que sea el altavoz de Jesús dentro de nosotros quien nos dé la palabra justa, que sea Él quien nos inspire la mejor opción , el mejor gesto… Para ello, todo debe partir de una opción interior de tanta humildad que nos haga sentirnos nada, sí, precisamente en estos tiempos en los cuales se propugna cultivar una personalidad que sea cada vez más fuerte hacia los otros. Esa actitud de “ser nada”, nos permitirá estar en disposición de descubrir al Señor tanto en las personas como en las cosas que nos ocurran a lo largo del dia.
Por otro lado, recordaros las palabras de S. Agustín: “Señor, tengo miedo de que pases a mi lado y no te vea”. Pero no miedo en el sentido de temor a un castigo, sino como diciendo: ¡qué pena… has pasado a mi lado y no te he visto, qué lástima no poder haberte gozado!
Intentemos aguzar nuestros sentidos sobre todo con aquellas personas más desprotegidas, las machacadas por el dolor. Ahí suele estar Dios, acompañándoles.
Tratemos de aprovechar cada situación de dolor, de incomprensión, de desaire, como una oportunidad de, amando más en esa situación, descubrir que Dios está detrás de eso, dandonos la oportunidad de que nuestro amor nos acerque mucho más rápido a Él.
Y cómo no, si frecuentamos en este tiempo de Pascua, algo más la Eucaristía, nos dará el regalo diario de descubrirlo al partir el pan.